Cuando caen las gotas, siempre una viene avisando.
Se me pega gritando,
Y me cuenta, del largo viaje que hizo para llegar a mi vaso.
Como vivió en la estrella y la pasaron al maguey,
como del maguey alimento sus máximas fuentes ardientes, Se metió en un árbol reconstruido y llego hasta la arena soplada.
Susurra, entre los gritos de las otras gotas que van cayendo,
Que quiere quedarse conmigo.
Quiere acabar la jornada en un lugar calido y latente.
Quiere terminar el servicio de sus días en la intemperie del descanso.
La escucho, me gime, la veo y se queda.
Y le digo: “¿que no es así como todos queremos morir?”
“¿Bebidos?”
jueves, 19 de julio de 2007
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